Podemos afirmar casi con certeza que el ser humano en sus orígenes mantenía una alimentación así exclusivamente carnívora. Su carácter nómada le hacía ir desplazándose de territorio en territorio buscando la forma más cómoda para satisfacer sus necesidades alimentarias. Seguramente la escasez de estos recursos ero lo que les hacía ir abandonando los territorios que ocupaba en busca de otros en los que la caza fuera más fructífera.

No debemos olvidar que el ser humano como animal racional que es, tiene la capacidad de pensar y debió darse cuenta que en las épocas de invierno, con la nieve y las bajas temperaturas, la práctica de la caza se dificultaba notablemente y el volumen de presas disminuía alarmantemente a causa del mal tiempo.

En esos tiempos lógicamente no existían frigoríficos, congeladores ni nada por el estilo. Así que si la especie humana quería guardar alimentos para conservarlos durante todo el invierno, la única manera de conseguirlo era conservar vivas a sus presas, dando así al origen de lo que hoy día conocemos como ganadería.

Seguramente, el ganado que nuestros antepasados domesticaron, no tenía nada que ver con nuestros actuales cerdos, corderos, vacas… Además, sus medios ganaderos tampoco se parecían en nada a las grandes estabulaciones de animales que conocemos en la actualidad. Posiblemente, la ganadería de nuestros antepasados era una suerte de ganadería ecológica, sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

Curiosamente, este nuevo arte: la ganadería, cambia la forma de vida de nuestros antepasados y los largos desplazamientos que realizaban en busca de alimento ya no son tan necesarios.

El ser humano sigue cazando pero la mujer ya no lo acompaña porque tiene que quedarse en el poblado cuidando a sus hijos y animales. Presumiblemente por esta razón, a ellas se les puede atribuir el “invento” de la agricultura, ya que fueron las que se vieron forzadas a alimentar el ganado estacionario y empezaron a seleccionar semillas y a cultivarlas. Seleccionar semillas y cultivarlas para conseguir alimentos suficientes para el ganado, llevó a la especie humana a familiarizarse y consumir otro tipo de alimentos alternativos como los cereales, cambia así el régimen alimenticio del carnívoro a omnívoro.

La evolución demostró que agricultura y ganadería eran dos artes complementarias. Por un lado, el humano cultiva sus cosechas para alimento propio y del ganado, y por otro, el mismo ganado contribuye a fertilizar los campos haciendo los cultivos cada vez más productivos.

Aunque siempre ha habido diferencias entre ganaderos y agricultores para proteger sus intereses, se ha llegado a la conclusión de que no podría subsistir una práctica sin la otra. Me viene a la mente, la típica película del oeste americano y las peleas entre vaqueros y agricultores, donde los agricultores alambraban sus campos para proteger sus cultivos y los vaqueros cortaban alambradas porque los animales no podían pasar para abrevar en el río.

Gracias a dios, esto son cosas de películas y hoy día existen las vías pecuarias y cañadas por donde nuestros abuelos conducían a sus ganados en época de trashumancia. Estos caminos públicos para el ganado permitían la movilidad de las bestias, sin que estas fueran devorando los cultivos que se encontraban a su paso.

Hoy día estos desplazamientos se producen en tren, en camión o simplemente ya no se producen. La ganadería ha perdido su encanto. La profesión de pastor ha desaparecido y los grandes adelantos tecnológicos han desplazado a la ganadería del mundo rural. Ahora las explotaciones ganaderas se pueden asemejar a grandes fábricas productoras de carne, donde los animales son criados, engordados y sacrificados de forma inhumana y casi artificial, a base de piensos industriales, hormonas e inmovilidad.

Estamos convirtiendo un producto natural en un artículo artificial poniendo con ello en grave peligro nuestras vidas. Estamos en la era del progreso, pero también en la era de las vacas locas, la fiebre aviar, la peste equina…

La ganadería, que fue “inventada” por el ser humano para contribuir a una mejora en la calidad de vida, ha perdido su razón de ser, convirtiéndose en otro producto más de la oferta y la demanda en la que ya no rige la calidad sino la cantidad. El hombre amable del campo, que permanecía cercano al ganado mientras este pastaba y regresaba al atardecer, se ha transformado en un espejo de la desalmada sociedad anónima y sin rostro que solo tiene un interés, el económico.

Victorio Dominguez Muñoz
Monitor Agricultura Ecologica
Aula de la Naturaleza