Desde que mi amigo Bartolomé Olivares me propuso aportar mi colaboración en esa extraordinaria Aula de la Naturaleza, de la que todos vosotros ha disfrutado y aprendido algo interesante, me sentí agradecido y me llenó de entusiasmo preparar este trabajo que, como capítulo final, vamos a desarrollar y que denominamos “La Naturaleza en el Arte”.

Voy a proyectar una serie de imágenes en las que se recoge el trabajo del hombre a través de la Historia y en las distintas etapas o estilos de evolución. Me gustaría y así os lo propongo que además de mi explicación, participarais con vuestras aportaciones, opiniones, dudas, etc. ya que así este trabajo sería más completo y lógico, como además más útil y enriquecedor.

Desde hace miles de años, en ese larguísimo período que denominamos Prehistoria y hasta nuestros días, el hombre para expresarse, para comunicarse, o para protegerse, ha utilizado la Naturaleza en la que estamos inmersos. Aparecen en las cavernas y utilizando sus paredes como soporte, unas pinturas ejecutadas con los pigmentos que ofrecía la misma tierra. (destacar la simbología de estas figuras y signos, hacer mención de los últimos descubrimientos). También tenemos pruebas evidentes de que el hombre quiere comunicarse, protegerse, o simplemente crear belleza, formas bellas y distintas a como las muestra la Naturaleza, en estas llamémosles construcciones, que son los Dólmenes y Menhires, piedras de una gran tamaño que levantadas y colocadas especialmente, son signos evidentes de una gran habilidad creativa. También son testimonio de esta enorme creatividad las enigmáticas figuras ubicadas en la isla de Pascua, esculpidas en una piedra no existente en el lugar. (destacar el esfuerzo físico llevado a cabo y lo enigmático de su transporte). En diversas tribus indígenas y a lo largo de su historia cultural y religiosa, ha habido pueblos tanto americanos como del continente africano, que han tallado en enormes troncos de árboles, las muy coloristas y simbólicas figuras que llamamos Totem. Este tipo de trabajo artístico se ha desarrollado hasta nuestros días en las distintas reservas, donde el hombre autollamándose “civilizado” ha marginado a los componentes de estas tribus.

 

Damos un salto en el tiempo y nos trasladamos al siglo XV de nuestra era, ya que en las anteriores culturas, el hombre centra su atención artística en el propio ser humano, exaltándolo e incluso divinizándolo. Prueba de ello son todas las dinastías egipcias, las culturas greco-romanas, la bizantina y el medievo, en las que el hombre es el eje de todo.

Sus representaciones se limitan a reproducir la imagen del hombre y la mujer, sin contar con el entorno donde están inmersos. Es a partir del período denominado Renacimiento donde empiezan a aparecer trozos de naturaleza tan solo como fondo de sus obras. Observemos las imágenes entre las cuales aparece la famosísima Gioconda, en las que el paisaje sirve para apoyar la representación humana. Vemos a continuación los trabajos de un autor singular llamado Arcimboldo, el cual utilizaba hasta tal extremo elementos de la Naturaleza que componía figuras humanas con flores, frutos, ramas, hojas, etc. (Intentar extraer opiniones acerca de la singularidad de Arcimboldo).

Ya en la época del Barroco tenemos a un excepcional pintor holandés: Rembrandt, el cual comienza a utilizar el paisaje de su entorno como motivo único en sus obras, en él se distingue plenamente el interés de plasmar los fenómenos atmosféricos con sus cambios de luces diversas.

Pasamos al Romanticismo, donde el hombre comienza a acercarse a la Naturaleza incluso de una manera más objetiva y analítica. La Ciencia descubre el origen del hombre y éste se siente atraído por lo que de misterioso y oculto hay en ese origen tan bello, majestuoso y a la vez terrible. El hombre empieza a sentirse empequeñecido ante la obra de la Creación. Comienza la época donde el pensamiento filosófico coloca a cada uno en el lugar que le corresponde y el hombre deja de ser el eje y centro de la Naturaleza. Las pinturas de Friedrich reflejan a un hombre extasiado y asombrado ante esa Naturaleza espectacular y soberbia. Es uno de los primeros artistas que llenan su obra de un simbolismo muy cercano al panteísmo, o sea, ver a Dios en la Naturaleza.

La Escuela Inglesa, ya en pleno siglo XIX, con sus artistas Constable, Gainsborough, Turner, entran de lleno en una actitud frontal, en las que los artistas instalados en pleno campo, plasman lo que ven, recreando esa Naturaleza rural en la que descubren una gran belleza, Turner incluso llega a una ejecución con una técnica revolucionaria, cercana a la teoría que años más tarde desarrollará el movimiento impresionista.

La llamada Escuela de Barbizón, denominada así porque los pintores se instalan en pleno bosque de esa zona francesa, cercana a Paris, y allí desarrollan una auténtica observación de la Naturaleza, un trabajo aún más directo y en contacto total con el entorno. Son los pintores Rousseau y Corot.


Ellos dan pie a la siguiente generación de jóvenes artistas, los impresionistas que basándose en los descubrimientos de sus maestros, aún profundizan y analizan más los fenómenos de la luz, los cambios constantes que el día tiene en sus horas de luz solar.

Estos entusiastas pintores, salen en solitario o en grupo al campo, y allí plantando sus caballetes, captan con suma rapidez, aquello que ellos denominan la “impresión” de la observación directa.

Uno de los más destacados, Claude Monet, el cual vemos en un cuadro pintado por su amigo Renoir, trabajando en el jardin de su casa, sintetiza de tal manera las formas, que su pintura se convierte en una acumulación de toques de color yuxtapuestos, consiguiendo así y casi de una manera obsesiva la impresión de luz que el motivo ofrece en ese fugaz momento. Así crea su famoso cuadro Impresión del sol naciente, que da nombre, por parte de un periodista, a todo el grupo de amigos pintores: los impresionistas. Observemos su serie de la Catedral de Rouen, la cual consiguió alquilando una habitación desde la que observaba la luz cambiante de las primeras horas de la mañana hasta el atardecer, la fachada de la bellísima catedral gótica. O los paisajes nevados, ejecutados con los pies hundidos en la nieve varias horas al día. También sus bellísimos campos de amapolas o figuras bajo las lilas. Hay un cuadro que representa la costa de Etretat, donde Monet parece indicarnos que algo ocurre, en él se cuenta una historia, quizás trágica. Claude Monet se va a vivir al campo, cerca de Paris, y allí en la pequeña población de Giverny, compra una casa y hasta el final de su vida, pinta a diario cientos de cuadros sobre los motivos del jardín y sobre todo las luces cambiantes reflejadas en las aguas del estanque lleno de nenúfares. En esta última obra Monet se acerca casi a la abstracción. (Incidir en la posibilidad de que los demás pueden coger un puñado de lápices de colores e intentar de una manera simple pintar aquello de observan)

Descubrimos a continuación a un pintor popularmente famoso, Vincent Van Gog (Contar algo de la vida de Van Gog y como su estado emocional incide en su forma personal de pintar).

Muy relacionado con el movimiento pictórico del finales del siglo XIX, está el arte oriental, concretamente el japonés, tanto que incluso llegó a influir en todos los pintores impresionistas y posteriores. Hokusai fue uno de ellos. Sus acuarelas y tintas sobre papel de arroz, son extremadamente delicadas, por la precisión de los detalles, sutiles luces, y muy esquemáticas.

La Naturaleza es para toda la cultural oriental, la fuente de toda sabiduría, ellos captan toda la espiritualidad que emana de las montañas, de los árboles, de los arroyos y del cualquier ser vivo. Títulos como Monte Fujiyama, Paisaje invernal, La ola, etc. son muestra de ello.

También en el siglo XIX encontramos a un famosísimo escritor francés, conocido por su potente obra “Los miserables” Víctor Hugo; él además de escribir, dibuja y pinta, y es la Naturaleza la que le inspira irremediablemente sus pequeños trabajos. Con los restos de café o las cenizas de su propia pipa, mientras conversa con sus amigos en los cafés parisinos, realiza estos trabajos en los que de una manera sencilla plasma los hermosos fenómenos atmosféricos. (Volver a incidir en la posibilidad de que ellos trabajen igualmente con sencillos elementos que tengan a mano).

Estamos ya en pleno siglo XX, el siglo donde radicalmente cambian los conceptos, basándose siempre, en las experiencias de los pioneros que ya hemos observado. El hombre arrasa con la tecnología y con ese falso concepto que se ha dado en llamar progreso y calidad de vida. La Naturaleza sufre muy rápidamente los efectos de la avaricia humana. La rentabilidad se instala en las conciencias de los economistas y de los que dirigen el mundo. El artista observa como esa fuente de inspiración, muestra ya las señales devastadoras de la inconsciencia del hombre y comienza a mostrar de otra manera, con otra visión, a la Naturaleza; sus obras se hacen más críticas, más conceptuales, más filosóficas. Ya no se recrea en plasmar la belleza, sino que a su manera, siempre plástica, avisar de que algo está ocurriendo.

En España tenemos a un pintor, recientemente fallecido, que formó parte de la Escuela de Madrid, Martínez Novillo, en su obra el principal motivo pictórico lo componen sus desolados paisajes, colores austeros, simplicidad de elementos. En ellos, el hombre es solo una diminuta referencia, estamos ahí, solos, esperando.

En los Estados Unidos, surge una mujer singular, Georgia O’keefe esposa de un famoso fotógrafo Alfred Stieglitz, que quizás sea de las artistas pintoras la que ha interpretado la Naturaleza de una manera especialmente visionaria, ella se acerca de tal manera a las plantas, que consigue adentrarnos en sus cavidades y llegar así a sugerir formas especialmente eróticas, muy cercanas a los órganos genitales. Se retira a vivir en una casa de adobe del desierto de Nuevo Méjico y sus motivos siempre serán la Naturaleza circundante.

Dentro de los nuevos conceptos y movimientos artísticos actuales, los que a partir de los años 60 del pasado siglo surgen con una especial fuerza reivindicativa, están los creadores Adolfo Scholsser, Richard Long, Andy Goldsworthy, Christo y su mujer Jeanne Claude y en España, Fina Miralles.

Sus trabajos que ya vemos, parten de principios, paradójicamente similares a los usados por los hombres de la Prehistoria, volviendo a utilizar elementos de la propia Naturaleza para componer sus trabajos, incluso actuando físicamente sobre el propio paisaje. Hay como una vuelta hacia los orígenes. Estos trabajos han sido clasificados en movimientos artísticos como el Land Art, Minimalismo, Arte conceptual, etc.


Adolfo Scholsser, esculturas con elementos naturales.

Richard Long, actuando y alterando con elementos de la Naturaleza el propio paisaje.

Andy Goldsworthy, el más poético de ellos, realizando efímeras esculturas y composiciones con elementos como ramas, nieve, hojas, flores, semillas, piedras, etc.

Fina Miralles, llega al extremo espectacular de fundirse ella misma con la Naturaleza, cubriendo paulatinamente su cuerpo de hojas o restos vegetales, hasta desaparecer.

Y finalmente, quiero terminar el desarrollo de esta parte de la Historia del Arte, con el trabajo de éste que os habla, Pepe Márquez. Hablar de la obra de uno es, extremadamente difícil, explicarla puede que hasta algo pretencioso, pero sí me gustaría aseguraros que, igualmente que los artistas que me han precedido, a mí también y de una manera apasionada, me ha influido la Naturaleza, pero yo destacaría algo que quizás es constante en mi obra, y es que para mí, el hombre y la Naturaleza están inevitablemente unidos, formando una total simbiosis, es más, el hombre es una pequeña, pero quizás importante, parte esencial. Podemos alterar autodestruyéndonos con ello, y esto es alarmante y para tener muy en cuenta. Todo comienza con la obra “Madre Tierra” en la que el nuevo ser, hunde sus raíces simbólicamente en esa tierra que le mantendrá vivo y a la que volverá. Continúan mis trabajos llamados “Paisajes del cuerpo”.


En estos pequeños cuadros, busco una total simbiosis entre la figura humana y el paisaje, convirtiendo las distintas partes del cuerpo humano en colinas, bosques, campiñas, montañas, etc. En los trabajos de grabados calcográficos y en la serie “Madre Tierra” utilizo rostros femeninos para que sirvan de base, quizás romántica, a una Naturaleza amable y bucólica.

Llego también, como tantos otros artistas actuales, a utilizar elementos naturales, piedras combinadas con cristales, ramas, elementos fotográficos, etc., para componer pequeñas esculturas, como el rostro que llora desesperadamente en su soledad pétrea.

Y finalmente podemos ver el cuadro “Magna Dea”, que forma parte de la seria “hombres-dioses/dioses-hombres” homenaje, tributo y reconocimiento a la mujer como fuente de vida. Quizás porque también esta Tierra en la que vivimos, tenga algo o mucho de mujer.

Muchas gracias por vuestra atención y espero, que igual que yo, el disfrute de recrear nuestra vista en obras de Arte, nos sirva para seguir viviendo y nos ayude para llevar mejor esas cargas que, a veces, tiene la vida.

(Debate y opiniones personales sumamente conveniente).


José Márquez Montero

Mes de Julio del año 2009